Todas las personas, en algún momento de nuestra vida, hemos atravesado momentos difíciles en los que tuvimos que activar todos nuestros recursos para afrontarlas. Puede ser la muerte de un ser querido, un divorcio, la pérdida de un trabajo o situaciones de mayor envergadura, como un ataque terrorista o una guerra.

Generalmente conseguimos adaptarnos a las situaciones difíciles que nos cambian la vida a través de la resiliencia, o lo que es lo mismo, del proceso para adaptarnos de forma adecuada a las adversidades, los traumas, amenazas o fuentes de tensión más significativa, como relaciones personales, problemas familiares o de salud, dificultades laborales, etc…

Uno de los factores más importantes en este proceso es tener relaciones de cariño y apoyo tanto fuera como dentro del núcleo familiar, pues nos aportan confianza y seguridad. No obstante, no es el único, ya que la positividad en uno mismo y la autoconfianza en nuestras fortalezas y habilidades, la capacidad de ser realistas y seguir los pasos necesarios para llevar a cabo un plan de superación empleando esta característica, la capacidad de gestionar nuestras emociones y la destreza en la comunicación efectiva y en la resolución de conflictos también contribuyen a desarrollar la resiliencia.

La resiliencia se construye de forma continua a lo largo de nuestra vida. Conforme nos enfrentamos a situaciones difíciles adquirimos nuevas estrategias de afrontamiento. Algunas formas de construir nuestra resiliencia son las siguientes:

  • Busca oportunidades para conocerte a ti mismo: Las situaciones difíciles nos permiten conocernos, aprender más sobre nosotros mismos y crecer a nivel personal. Las adversidades nos permiten mejorar nuestras relaciones personales, incrementar nuestra autoestima, valorar más positivamente los pequeños detalles de la vida, aumentar nuestra fuerza personal y adquirir nuevas estrategias de afrontamiento. Si hacemos un repaso por aquellas experiencias de mayor carga emocional podremos identificar las estrategias que mejor resultado nos han dado y han permitido desarrollar nuestra resiliencia.
  • Establece una red de apoyos: Tener una buena relación con familiares, amigos y otras personas significativas, tal y como hemos indicado anteriormente, así como aceptar su ayuda y apoyo en momentos de dificultad permite fortalecer la resiliencia. Dedica tiempo a conocer tus gustos y aficiones, y a ponerlas en práctica. Encontrarás a personas que compartirlos y forjar relaciones de calidad que contribuirán al desarrollo de tu resiliencia (y a la inversa también).
  • Mantén la perspectiva y cultiva el positivismo: No podemos evitar que surjan situaciones de tensión y gran carga emocional, pero si podemos cambiar la forma de interpretar y reaccionar ante ellas. Considerarlas en un contexto más amplio y mantener una perspectiva a largo plazo nos ayudará a encontrar las estrategias adecuadas para afrontarlas. Así mismo, una visión positiva nos permite valorar las cosas buenas de la vida, por pequeñas que sean, y contribuirá a que afrontemos las dificultades con menor malestar emocional.

La resiliencia es un proceso continuo de adquisición de estrategias de afrontamiento. Cada vez que nos encontremos ante una dificultad o adversidad, tendremos que poner en marcha nuestras herramientas e incluso aplicar nuevas. No obstante, si valoramos que la situaciones adversas que estamos viviendo nos generan un nivel de malestar elevado podemos contactar con un profesional que nos ayude a descubrir nuestras fortalezas y nos doten de recursos para afrontarlas y alcanzar mayor bienestar.